jueves, 22 de diciembre de 2011

Opinión

Tribuna Pública

Francisco Javier Copeño Castro

Platicando el día de ayer con un conocido comerciante del centro de la ciudad nos decía; “no cabe duda, cuando se trata de desprestigiar a alguien cuando ostenta un cargo público es muy fácil hacerlo, sobre todo cuando no se le da la oportunidad de manifestar lo que a su derecho conviene, y más si se trata de alguien que no pertenece a una misma corriente política. Por eso, con todo lo que está pasando en estos momentos con el caso de los normalistas de Ayotzinapa y donde si el gobernador en turno no fuera del PRD, seguramente a estas alturas ese partido ya hubiera armado un caos en todo el estado. Hoy hemos notado a un partido de izquierda dudoso, incluso cómplice de los sucesos, porque solamente una cuantas voces protestan por los acontecimientos, porque curiosamente el gobernador en turno es del PRD, -no es precisamente eso- porque aunque llegó mediante una coalición de fuerzas diversas, hoy es de ese partido; sin embargo muchos de los funcionarios sí son perredistas y obviamente no aceptan que pudiese decirse que son unos ineptos para desempañar cargos delicados. Casos hay muchos, pero cosa diferente fue el caso Aguas Blancas en 1995, cuando tampoco creemos que el gobernador de aquel entonces haya ordenado disparar en contra de los campesinos asesinados, pero el PRD fue directamente a decir que el gobernador de aquel tiempo era, -y siguen diciendo-un asesino”.  Hasta ahí la opinión de nuestro interlocutor,  y vaya que tiene razón; además, da la casualidad de que en aquel entonces, no se le dio la oportunidad al gobernador de que dijera su verdad, e incluso es la fecha en que se pide se investigue a ciencia cierta qué fue lo que pasó en ese entonces, pero desgraciadamente aunque se hiciera eso, y se llagara a “la verdad” ya no podría resarcirse el daño, ni para uno ni para otro lado.  ¡Salud!