martes, 4 de octubre de 2011

REFLEXIÓN

¿La Escuela Feliz? Reflexiones Desde la Maestría

Emilio Nahín Rojas Madero

 

“Mi vida por una mejor Nación”

Mucho he hablado de mi universidad, esa en la que el amor por la docencia hace años que se diezmó y la cual, en la actualidad casi se extingue. Desde el momento en que se entra al nivel de preparatorias; ese 90% del profesorado tiende a bien el educarnos conforme a la realidad de nuestro mundo: la corrupción. Haciendo un excelente uso del marcador y los pintarrones producto de nuestros impuestos para poner el menú de cobros por calificación. Si deseas un 7, el costo será de $50.00 pesos, y por el 10, unos $100.00 pesos para nivel preparatoria; pues los costos son más altos en la licenciatura, oscilando éstos entre los $500.00 y $1,500.00 pesos. Con estas perversas prácticas tan solo asesinan al sinónimo real de lo que es la filosofía (amor por la sabiduría) y terminamos interpretándola por su antónimo.

Mi universidad es esa donde unos hacen como que enseñan y otros como que aprenden; donde el que administra, no administra y donde el que gobierna, no gobierna. Pues si creías que el poder residía en el estudiantado; te equivocas, son malos maestros quienes de ésta potestad se apoderaron para sus perversos vicios ocultos. Y si pensaste que la administración recaía en la figura del director, olvídalo; es quien vive con él, usa faldas con zapatillas y si vive enfrente, está disfrazado de intendente, dulcero u otro oficio al que le compras unos “chicles” de $300.00 pesos o un platillo de comida típica con costo de más de $800.00 pesos, haciéndote el milagro de que tus calificaciones se modifiquen. Pero jamás los estudiantes podemos atrevernos a decirles “corruptos” porque se nos levantan demandas por “difamación”. Todo esto deja serios estragos psicológicos en una masa social pronta a ejercer su profesión, pero ¿con qué ejemplos?

Los más afectados son los de la licenciatura en Derecho y prueba de ello son esas celebraciones conocidas como “las quemas de libro”. Cuya finalidad en un origen era precisamente ésa, la de arrojar al fuego el libro de la asignatura que más dificultad generó a lo largo de la carrera. Hoy solo es como una terapia de desahogo para el estudiantado; donde se desquitan sus frustraciones e impotencias o resentimientos en tristes piñatas en forma de personas, representando a eso maestros corruptos y donde desde el anonimato, se secuestran los micrófonos para mandar saludos a las Madres de los mismos asesinos de la educación, disfrazados de promotores del saber. Y si pensábamos que al término de la licenciatura, todos eso daños psicológicos se quedaban allí; es mentira, nos acompañan hasta la vida externa profesional y  la vida académica.

Es por ello que en la maestría en vez de tomar las participaciones académicas como un enriquecimiento de la enseñanza, le declaramos la guerra y le vemos como un enemigo a ese que se atreve a opinar. Es por ello que la universidad exporta al exterior puro producto chatarra; falto de lo que es la verdadera esencia académica de una maestría o doctorado, son solo grabadores que repiten lo que dijeron otros intelectuales o filósofos pero incapaces de producir un producto propio. ¿Pero es éste el origen de la escuela infeliz? El problema tiene su erigen en la formación primaria y contradictoria al del nivel kínder, puesto que mientras en ésta última se le fomenta la creatividad al infante, en la primera solo se impone una educación de memorización y no se hable de la licenciatura, la cual se caracteriza por prohibirse el libre pensamiento.

Una de las cosas buenas que deberíamos importar del vecino país del norte es esa ideología donde se le inculque al ser humano desde su infancia que la sabiduría y el conocimiento es hermoso. Que cuando el niño vaya a la escuela se sienta gustoso de ir a la escuela feliz y no obligado; como si fuera un castigo la educación. ¡Alguna vez hemos escuchado a nuestros hijos el decir: –“quiero ir a la escuela feliz”–! Para ello se requiere el subsanar los defectos del magisterio, así como sus malos vicios que atentan contra la niñez. Desde el hecho de poner a un neófito frente al salón de clases, a un falto de amor por la docencia; lo cual debería de ser sancionado hasta con cárcel para esos que lo permiten, pues atentan contra la nación y su desarrollo. Y qué decir de las veces en que el magisterio aprovecha cualquier pretexto para no dar clases y usarlo como un sistema de medición de fuerzas.

Pues cada vez que llega un nuevo gobierno, el magisterio y sus sindicatos lo someten a un choque de poderes para saber si lo pueden mangonear a su gusto y seguir así con su cochinero “educativo”. No cabe duda de que nuestra educación en México esta tan lejos de Dios y tan cerquita de Elba Ester Gordillo y su feudalismo monopólico sindical. Mientras parásitos como éste sigan detrás de la educación, nuestros hijos jamás disfrutaran de una escuela feliz. Heredamos una educación egoísta e individualista; y pretendemos heredársela a nuestros hijos, ellos son nuestro futuro. Son esa inocencia en la que el maestro tiene una gran responsabilidad independientemente de la del padre; pues con qué cara pretende educar e inculcar valores como el –“Cumplimiento de tareas y trabajos”–, si él mismo con su ejemplo da reflejo de lo contrario. Nuestros niños son como cintas vírgenes donde se plasmará el desarrollo de nuestra nación; ya basta de tomar a la educación por rehén, para el enriquecimiento ilícito de una elite de poder.               

Comentarios:

romaen73@hotmail.com